viernes, 21 de julio de 2017

La novela histórica (3): primeras civilizaciones


Época segunda: de las primeras civilizaciones a la caída del Imperio Romano.



Esta época ha sido una de las preferidas por los escritores del género al que aludimos, sin duda porque de aquellos tiempos nos han llegado multitud de documentos. Geógrafos como Estrabón o Plinio el viejo; historiadores como Tito Livio, Suetonio o Apiano; filósofos como Platón, Séneca o Virgilio... Todos nos han hablado de su tiempo, en algunos casos con multitud de detalles de la vida cotidiana de tales entonces, y los autores modernos dedicados a glosar aquellos tiempos han encontrado la mitad del trabajo hecho, pues no sólo se han apoyado en obras que nos llegan directamente desde dos o tres mil años atrás, sino también –y esto es de justicia decirlo– en libros de historiadores modernos, como Carcopino. Esto (lo de inspirarse unos en otros), ha sucedido siempre, pues tanto Estrabón como Plinio el viejo –por poner un ejemplo–, al hablar de Iberia (o Hispania) se basaron en testimonios de personas ajenas, puesto que ellos nunca estuvieron en la península.
Libros de estas épocas hay muchísimos, y por citar unos cuantos nombraremos algunos de los más famosos, tales como Sinuhé el egipcio (Mika Waltari); Quo Vadis? (Sienkiewicz); Ben-Hur (Lewis Wallace); Yo, Claudio (Robert Graves); Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar); Los últimos días de Pompeya (Edward G. Bulwer Lytton); El asirio (Nicholas Guild) y Salambó (Gustave Flaubert, 1862).

Narraciones históricas de Camargo Rain
Para no ser menos, también Camargo Rain (servidor) ha dedicado cierta parte de sus escritos a aquellas épocas, y de esta forma hay episodios de Ojos azules que tratan de ellas, tales como Guerreros entrando en una ciudad (los sumerios), Tirios hacia la Puerta de Melkart (fenicios), Romanos en la urbe (romanos), o Bárbaros atravesando una cordillera (aventura protagonizada por un suevo que encontró a una chica en un bosque), y asimismo en otro libro, Chica encuentra chico, en el que se puede leer una historia del tiempo de los hispano-romanos ambientada en el siglo IV y en la cuenca del Duero que se llama El río. (Este libro [Chica encuentra chico] existe, pero aún no está publicado.)

A continuación coloco un trozo de este libro, Ojos azules, para que lea el que le guste hacerlo:

CINCO MIL AÑOS ATRÁS
GUERREROS ENTRANDO EN UNA CIUDAD
LA SUBIDA A LA MONTAÑA

Los tambores atruenan los oídos de quienes nos encontramos formados en la llanura. Atrás queda el gran campamento que nos ha albergado durante los últimos meses, multitud de lienzos que transportamos por el desierto lejos de las tierras feraces y las riberas bañadas por las aguas de nuestro ancho y amado río, ingratos lugares a los que no volveremos tras la incontestable victoria. Ante nosotros, iluminadas por la luz de la mañana, se alzan las poderosas murallas de la gran ciudad a la que pertenecemos, que se libró del asalto y el pillaje merced a nuestra sangre y esfuerzos.
Desde el amanecer permanecemos ordenados en largas filas que se extienden hasta donde alcanza la vista. Los capitanes vocean las órdenes con dificultad ya que somos muchos los hombres que ansiamos sobrepasar las puertas, y los cuernos emiten sus roncos quejidos llamando a la población al acontecimiento. Nosotros hemos ocupado los puestos que nos corresponden, pero antes nos han distribuido dobles raciones porque la jornada va a ser larga. ¡Qué lejos de las privaciones pasadas en el campo de batalla!, donde los cupos eran escasos y la miseria de la tierra quemada nos obligaba a pelear para alcanzar algunas migajas, pero aquello pasó, y con la victoria se han abierto las puertas de los almacenes y graneros de la ciudad, de los que nos han servido en abundancia.
Los extranjeros que vinieron de oriente son los enemigos cuya capital es Umma, enorme y cochambrosa ciudad que no disfruta de las ventajas de la cercanía de los ríos y sus rimeros de frondosas huertas; lo sé bien, yo, que estuve en ella y por sus calles corrí tras los habitantes enarbolando la aguda espada de bronce. En sus planes entraba el privarnos del agua y esclavizarnos, y por eso levantaron un nutrido ejército que intentó llegar hasta nuestras tierras, pero ahora nos pagarán tributo, pues la fuerza que les opusimos se reveló superior a la suya. Todos cayeron ante nuestro empuje. Primero fueron los pastores de las vegas; más tarde las desorganizadas huestes que guardaban la ciudad, y al fin sus habitantes, muchos de los cuales no verán amanecer otra vez. Corrió la sangre en abundancia y las mujeres y los niños llevaron la peor parte, como sucede siempre que el dios de la guerra revive hazañas pasadas..., pero no es el momento de pensar en ello, pues aquellos días quedaron atrás y su memoria será pronto cubierta por el polvo del desierto.
Ahora ya decrecen los gritos y únicamente quedan los cadenciosos golpes en los parches de los tambores. Los murmullos recorren las filas, y las nubes de polvo que vemos al frente nos indican que el ejército se ha puesto en marcha y las vanguardias se aproximan a la más fuerte y guarnecida de las puertas de la muralla, en cuyas inmediaciones nos aguarda el pueblo apiñado y vociferante...


Lugalbanda, hijo de Enmerkar, biznieto del dios sol que le salvó la vida; rey de Uruk y sus llanuras canalizadas y ahora también de Umma y Kutallu y las turbulentas bandas de pastores que habitan las tierras intermedias y no pudieron con nosotros. Lugalbanda, rey sacerdote de Uruk, la ciudad que fundaron los dioses en el principio de los tiempos, puso en pie un ejército para restaurar el omnímodo poder que algunos le discutían, y poniéndose a su frente recorrió la ancha tierra hacia el norte hasta alcanzar el lugar de los conflictos y las matanzas. A él debemos acatamiento, y a sus propósitos, que a todos convienen.
Nuestro objetivo es la mastaba que en el extremo opuesto de la ciudad se yergue, altísima construcción escalonada desde cuya cúspide los poderosos se relacionan con los dioses. Hasta la cumbre arrastraremos los carros del rey y su séquito ayudados por los asnos y los látigos de que disponemos. Somos atroces como ejército triunfador, y estamos embebidos en la soberbia de la victoria, que no fue fácil sino áspera e inclemente, aunque al fin los que todo lo pueden se dignaran derramar fortuna sobre los elegidos. Nuestro designio es la cima de la mastaba, a la que conduciremos el carro del rey y las hileras de guerreros cautivados, que ascenderán derramando sudor por la inclinada rampa, ahora esclavos y antes individuos libres en los campos, que se aventuraron a cambiar su plácida vida engañados por reyes y llevados a ello por la codicia.
Ya suenan urgentes los clamores de la victoria, y precedidos del enorme y albino onagro, rey de su manada, al son del tambor emprendemos la marcha triunfal que nos llevará hasta la más alta de las terrazas del zigurat. ¡Allá vamos!, pueblo de Uruk que nos admiras y agradeces lo que por ti hicimos; pueblo de Uruk, que ocasión tendrás en breve de reintegrárnoslo.


Ante nosotros se alza la puerta poderosa y abierta, y las gentes vitorean al ejército que penetra en la ciudad a la que libró del saqueo. Las columnas de hombres sudorosos patean el suelo siguiendo la cadencia que cantan los tambores, y el polvo se levanta y nos ciega. Más allá de la nube adivino caras jubilosas, expresiones histéricas, presencias que surgen y desaparecen y cuerpos que caen al suelo y son arrollados por la chiquillería que sin cesar se desplaza en busca de los mejores avistaderos... Sobre nuestras cabezas llueven briznas de paja que nos arroja la multitud enfervorizada, y aquí y allá observo el continuo circular de secos pétalos de flores que algunos personajes portan en enormes cestos y quedan prendidos en nuestras guedejas y corazas de cuero. La polvareda y el griterío nos envuelven, pero nosotros no cejamos en nuestro rítmico caminar tras el onagro albino, portador de las enseñas, que precede a cada regimiento. Las primeras callejas, ahora que hemos sobrepasado las formidables murallas, se muestran a derecha e izquierda, y por ellas afluye sin cesar una muchedumbre que parece no tener fin. Los tejados están repletos de personajes vociferantes, y el ruido de nuestros pasos resuena en la calle de paredes de barro ocultando casi el sonido de los tambores que ya doblaron la más cercana esquina. Apenas hay sitio para que las tropas transiten, y varias personas son apartadas a empellones por quienes nos preceden, sudorosos soldados que con el torso desnudo, a duras penas y provistos de látigos contienen a las gentes y azuzan a los animales que abren la marcha. [...]


Aquí dejo los enlaces a Ojos azules, por si alguien siente curiosidad:
Ojos azules en versión Kindle =
Ojos azules en papel =
Blog en el que se habla de Ojos azules:

En entregas posteriores (en este y otros blogs) seguiré hablando de estos asuntos, y mientras tanto podéis mirar aquí:

martes, 18 de julio de 2017

OJOS AZULES: novela histórica gratis desde hoy


Este libro, novela histórica, se podrá descargar GRATIS tres días, desde hoy los días hasta el viernes 21 de este mes de julio, AQUÏ:


 No trata de una época determinada sino de muchas, pues abarca desde la prehistoria a la actualidad, y por sus páginas desfilan los hombres de la edad de la piedra, los cazadores de las llanuras, los primeros agricultores, los sumerios, fenicios, romanos y bárbaros de que nos habla la historia, y después los que poblaron el medievo, los que conquistaron continentes... Todos narran sus particulares proezas, y todos están enlazados por un detalle común (puesto que unos descienden de otros) que tiene que ver con las leyes de la herencia: los ojos azules. En resumen, que aquí pueden leerse una enorme sucesión de aventuras.

 En este enlace se pueden ver otros pormenores:





martes, 11 de julio de 2017

La novela histórica (2): la prehistoria


Época inicial: de los australopitecos a los primeros agricultores.


El único prehistórico que merece ser tomado en serio: 
el australopiteco de Stanley Kubrick en 2001, odisea del espacio.
Parece mentira la escasa atención que escritores y cineastas han dedicado a la Edad de la Piedra. He mirado en la Wikipedia y aparecen 19 entradas para libros, pero si exceptuamos La guerra del fuego (o En busca del fuego), y El clan del oso cavernario (novela de 1980), el resto me resulta desconocido. Varios de estos libros, más que como novelas históricas, deberían ser clasificadas como novelas fantásticas, caso de Plutonia, escrita en 1915 por un ruso, Vladimir Obruchev, o literatura juvenil (caso de dos series que aparecen ahí).

Hay una novela de australopitecos (Homínido), pero me ha parecido una broma de mal gusto. En algunos pasajes sus protagonistas hablan en latín... (¿Y esto...?)

En resumen: esta época no parece haber sido muy utilizada por narraciones y películas, aunque de estas últimas, a bote pronto, se podrían citar Hace un millón de años (que no era muy seria, con aquella Raquel Welch en bikini...),



En busca del fuego, de Jean-Jacques Annaud (que estaba bastante bien), y en especial la primera secuencia de la sin par 2001, odisea del espacio de Stanley Kubrick, que ha sido el único en tomarse en serio esto de la prehistoria (véase foto del comienzo). Y no crean que hay mucho más.



Narraciones históricas de Camargo Rain

Sobre esta época, la que lleva desde los australopitecos (hace cuatro o cinco millones de años), hasta el establecimiento de las primeras civilizaciones ordenadas (hace unos seis o siete mil años), hay varios episodios en Ojos azules formando la primera parte del libro, la que se llama El pasado remoto y que se compone de los siguientes capítulos:

Australopitecos en las orillas de un lago

Nómadas en la llanura amarilla

Omómidos en un bosque

Neandertales en una cueva

Flor junto a una cascada

Recolectores en una aldea



Los episodios están desordenados cronológicamente, pero esto se debe a exigencias del comercio. ¿Cómo vas a comenzar un libro presentando los bucólicos pensamientos de una flor (junto a una cascada) en algún ambiente del Terciario, que es el episodio más antiguo? No lo leería nadie. 







Sea como fuere, aquí les dejo un trozo de este libro

 
HACE MEDIO MILLÓN DE AÑOS
NEANDERTALES EN UNA CUEVA
EL FUEGO

En la boca de una cueva, observando con pesadumbre cómo a torrentes se precipita el agua del cielo, está instalado un oscuro grupo de seres cubiertos con gruesas pieles. Sobre sus cabezas transitan apresurados los negros nubarrones que les acompañan desde varios días antes, y en sus frecuentes y nerviosas miradas al sombrío espacio, y en los gruñidos que de vez en cuando pueden escucharse, se advierte el descontento que el espeso color de las alturas les produce.
Cae la tarde sobre la boscosa llanura que se adivina bajo la ladera. Las sombras se ciernen sobre la arboleda infinita, aparentemente muerta, pues sus habitantes han buscado resguardados abrigos ante la furia de los elementos, y pronto la oscuridad se adueña de cuanto desde allá arriba se puede contemplar, oscuridad rota por relámpagos que se producen en la lejanía, tan distantes que sólo son fugaces destellos que huidizamente se asoman sobre el horizonte.
El grupo que se encuentra en la entrada de la cueva se compone de media docena de astrosos y sucísimos individuos. No parecen jóvenes ni viejos, pues la mugre cubre por entero la escasa piel que permanece al descubierto, y las marañas de pelo ocultan los rostros y cualquier gesto que pudiera dar indicios de sus mohínos estados de ánimo. Sólo los ojos, chispeantes y vivos, atentos a cualquier cosa que se mueva, examinan los cada vez más negros alrededores. Todos ellos, apiñados, intentan mutuamente prestarse el calor que sus cuerpos despiden.
Al fin uno, molesto por la incómoda postura, se yergue cachazudo sobre sus compañeros mientras inicia una suerte de apagado aullido, y con desaliento y las peludas manos golpea las piedras que tiene a su alcance, el rocoso arco que hace las funciones de puerta del cobijo. Luego da media vuelta y con indolencia se interna por el túnel, y si seguimos sus pasos por la oscura y sinuosa galería de pétreas paredes, encontraremos que esta desemboca en una gran sala de techo abovedado, en cuyo fondo, iluminando tenuemente lo que contiene el recinto, se distinguen las brasas de una hoguera delimitada por gruesas piedras. En los rincones más profundos se adivinan inmóviles bultos tumbados sobre el suelo, oscuros individuos que quizá están durmiendo o quizá pensando, y junto a la gran lumbre, pues grande es, de vez en cuando corretea una pléyade de revoltosos y pequeños seres que emiten agudos sonidos, brincan y, a la postre, se refugian entre los brazos de sus madres. Estas, guardianas del mayor tesoro que la habitación contiene, el fuego, permanecen inmóviles contemplándolo, aunque de cuando en cuando alargan los brazos, y unas veces colocan pequeños objetos sobre el borde y otras los retiran: parecen castañas, bellotas, piltrafas y diminutas frutas y semillas que humean y chisporrotean y son pronto engullidas con deleite por los taciturnos comensales de la andrajosa agrupación.
Durante un buen rato reina el silencio en la enorme gruta. Nuestro personaje, que se ha sentado en el suelo junto a las ascuas, tras contemplarlas extiende las manos sobre ellas y entra en un prolongado éxtasis. Sus labios se entreabren, y ¿podría decirse que es una suerte de salmodia lo que recita? Así lo parece, puesto que persiste en sus decires, que poco a poco van aumentado hasta convertirse en un sordo gruñir para decaer luego hasta el más inaudible de los balbuceos, y todo ello ante la indiferencia de los presentes.
Los niños, que tales semejan, con ojos vivos contemplan temerosos al recién llegado, no atreviéndose a abandonar el amparo que les brinda el regazo de sus madres, pero luego uno se desliza cauta y silenciosamente por el suelo y por la espalda se arrima a quien continúa con sus tartajeos. Tras dudarlo agarra un extremo de las desflecadas pieles que cumplen las veces de ropa y tira de ella con la zozobra pintada en sus ojillos ratoniles, y al no recibir la contundente respuesta a que está acostumbrado, se encarama tímidamente sobre aquel ser que bien pudiera ser su padre, y pronto son dos los que trepan por su cuerpo con ademanes que podríamos llamar afectuosos. Sin embargo, poco dura la improvisada fiesta, pues un par de mamporros bien administrados ponen en fuga a la caterva de chiquillos que se había aproximado y de nuevo todo queda en calma, silencio sólo roto por los ronquidos de algunos durmientes y los chasquidos de los frutos que saltan al abrirse sobre las brasas.
Es entonces cuando, sin previo aviso, del rocoso techo se desprenden unas gotas de agua que caen sobre los tizones. El hecho sobresalta a cuantos allí se apiñan, y un murmullo de desaprobación recorre el grupo. Las pupilas se dirigen a lo alto y escudriñan las tinieblas inquiriendo la razón de tan inoportuno suceso, pero poco puede verse en las lóbregas tinieblas, y tras apagarse los gruñidos el lance es olvidado.
Uno de los seres que se aposentan ante el fuego, un individuo escuchimizado y de avanzada edad a juzgar por sus crecidas guedejas blancas, arroja unos troncos sobre los rescoldos, y en seguida aquello crepita y luego se inflama, bañando con su luz cuanto le rodea. Durante un instante todos se contemplan con expresión rayana en la sorpresa..., aunque al fin respiran aliviados y retornan a su mutismo.
Arrecia el crepitar del ruido de la lluvia que penetra por el túnel, y tres o cuatro bultos arremolinados irrumpen en la caverna con aparato, caen de rodillas ante el fuego y a su arrimo presentan cara y manos con ademanes que tienen algo de ceremoniosos. No son viejos ni jóvenes, que ya dijimos, sino seres peludos y disformes que muestran amputaciones, pues a uno parece faltarle un antebrazo y todos presentan desdentadas fauces que abren desmesuradamente para que mejor les penetre el calor del hogar. [...]

y a continuación los enlaces correspondientes por si alguien quiere echar una ojeada. Amén de lo dicho, aparecen muchos antecesores del hombre: los cazadores de las llanuras, los omómidos (una especie de zarigüeyas de hace cincuenta millones de años), los primeros agricultores...

Ojos azules en versión Kindle =
Ojos azules en papel =
Blog en el que se habla de Ojos azules:

En entregas posteriores (en este y otros blogs) seguiré hablando de estos asuntos, y mientras tanto se puede mirar aquí:


lunes, 3 de julio de 2017

La novela histórica (1): génesis y subgéneros más comunes



Novela histórica sería aquella en la que, mediante el uso de personajes en general ficticios, se describe algún capítulo de la historia de las personas. Para ello, claro es, hay que basarse en hechos y datos históricos, y tener una cierta idea de lo que sucedía entonces y de cómo eran las cosas, pues de no ser así, es fácil caer en excesos y anacronismos que restan verosimilitud al relato. (Recuerdo uno en el que aparece la reina Isabel la católica tomando chocolate para desayunar.)

La primeras novelas históricas se remontan a la antigüedad (La Ilíada podría ser una de ellas), pero la novela histórica, tal como la entendemos hoy, nació en el siglo XIX de la mano de los románticos, que siempre fueron muy aficionados a las nieblas de lo exótico, lo misterioso y lo maravilloso.

Aunque hubo autores anteriores, se suele decir que fue Walter Scott el iniciador del género, en especial con su archicélebre Ivanhoe, escrita en 1812 sobre la Edad Media en la Inglaterra del siglo XII.

Portada de una de las muchísimas ediciones de este libro

Durante el siglo XIX se escriben multitud de obras de esta temática, en especial en Europa. De habla inglesa se pueden citar Stevenson y Feminore Cooper (en EEUU). En Francia cultivaron el género Victor Hugo, Alejandro Dumas y Flaubert. En España, Espronceda y Larra, y sobre todo Pérez Galdós y sus monumentales Episodios Nacionales, así como Baroja con su ingente obra titulada Memorias de un hombre de acción (22 libros). En Italia, Manzoni, Varese y Cantú, a los que modernamente habría que añadir a Umberto Eco (El nombre de la rosa). En Rusia, Tolstoi (Guerra y paz)...

Otros nombres a los que se puede aludir son Dickens (Historia de dos ciudades, sobre la revolución francesa), Sienkiewicz (Quo vadis?, de romanos), Mika Waltari, Robert Graves, Marguerite Yourcenar, Alejo Carpentier (El siglo de las luces, sobre el siglo XVIII), Valle-Inclán y Ramón J. Sender. (Lo anterior está extractado de Wikipedia.)

En fin, estos son algunos nombres porque que la lista es larga, larguísima, y quien quiera leer algo mucho más completo que este breve apunte, puede ir al siguiente enlace, en donde se dan datos con profusión:





Narraciones históricas de Camargo Rain

Echando su cuarto a espadas, el autor de la presente comunicación (Camargo Rain) también ha escrito novelas de este género, con cuya génesis y redacción se ha divertido mucho. Ahí es nada estudiar y rebuscar en los libros de historia, y diseñar aventuras que entretengan al público...

En unos y otros libros ha tocado casi todas las épocas de las que nos habla la historia, y para no cansar, citaré sucinta y cronológicamente algunos:

La Edad de la Piedra aparece en Ojos azules

La antigüedad (sumerios, fenicios, romanos...) en el mismo libro y en un episodio de Chica encuentra chico.

La Edad Media en Dios conmigo, en Ojos azules y en el episodio llamado La torre de Chica encuentra chico.

De los siglos XVI y XVII se habla en Ojos azules, Chica encuentra chico y, sobre todo, El viaje del morisco.

Los siglos XVII (el final), XVIII, XIX y XX se desgranan en la tetralogía La verdadera historia de Juan Evangelista.

El siglo XIX aparece también en el episodio histórico denominado El papel de Londres de Chica encuentra chico, y para rematar la faena nos resta añadir que Ojos azules es una novela en la que, mediante quince episodios, se pasa revista a otras tantas épocas (desde hace 100 millones de años hasta la actualidad).



Aquí debajo pongo los enlaces a estos libros.
 


Dios conmigo en versión Kindle =


Dios conmigo en papel =


Blog en el que se habla de Dios conmigo:








Ojos azules en versión Kindle =


Ojos azules en papel =


Blog en el que se habla de Ojos azules:




En entregas posteriores (en este y otros blogs) seguiré hablando de estos asuntos, y mientras tanto podéis mirar aquí:


viernes, 23 de junio de 2017

Ejemplo de inicio de una novela




Recursos para escritores
Hay infinidad de maneras para comenzar una narración, e infinidad de cosas que se deben evitar. Por ejemplo, si quieres que tu novela sea una novela kleenex, comienza de la siguiente manera:
Suena el despertador. La chica se levanta de la cama, y sin pensar en nada se mete en la ducha.
(Luego, una vez duchada, se puede hablar de la ropa que se pone, o incluso de la marca del maquillaje..., ja ja.)
Hay multitud de libros (del género rosa, claro es, y cortitos, con poca enjundia) que comienzan con esta retahíla u otra muy parecida. El inconveniente de ello es que, si bien parece que ello llama la atención del público femenino, en especial el joven, luego, una vez acabada la lectura, el objeto entero se arroja a la papelera del cerebro y no vuelves a acordarte de su existencia. Tiene esa propiedad. Mal rollo.
AXIOMA PRIMERO: Nunca hagas lo que está haciendo todo el mundo. Es como echar agua al mar. De ahí la escasa utilidad práctica de las redes sociales.
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OTRO EJEMPLO DE COMIENZO:
El tren sale del túnel. Ante él se presenta el larguísimo puente de hierro que ha de recorrer. Mientras los pasajeros duermen ajenos al peligro, la resoplante locomotora avanza imparable sobre los raíles..., pero he aquí que una mano asesina ha dispuesto las cosas de otra manera. En mitad del recorrido, cuando el convoy se cierne sobre la parte más alta de la estructura, la vía férrea, suelta de sus soportes, cede ante el peso y la enorme máquina se precipita hacia el abismo arrastrando buena parte de los vagones. [...]
Este es el patrón que se podría llamar de catástrofe ferroviaria o catástrofe a secas, que en sus diversas variantes (guerra nuclear, incendio de una ciudad, etc.), es también muy utilizado para llamar la atención del lector.
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OTRO MODELO, que podríamos llamar de frase larga, puede comenzar de esta manera:
En la tarde del 2 de octubre de 1823 un anciano bajaba con paso tan precipitado como inseguro por las afueras de la puerta de Toledo en dirección al puente del mismo nombre. Llovía menudamente, pero sin cesar, según la usanza del hermoso cielo de Madrid cuando se enturbia, y la ronda podía competir en lodos con su vecino Manzanares, el cual, hinchándose como la madera cuando se moja, extendía su saliva fangosa por gran parte del cauce que le permiten los inviernos.
(Desafío al lector a que encuentre de dónde proviene este ejemplo. Se trata de un libro muy conocido.)
O bien (muy parecido al anterior):
Una gélida y lluviosa tarde de noviembre de no hace muchos años, envuelta en una gabardina y protegida por un paraguas de colores, entre las parpadeantes luces de los escaparates, la gente que se cruza y el rumor de los coches, con decisión desciende una figura por la madrileña calle del Marqués de Urquijo. Es una mujer a la que no estorba la lluvia, casi ni la advierte, pues tiene otros planes. Cruza las bocacalles sin prestar atención y algún coche toca la bocina. Ella va contenta y ríe, y mientras camina, que incluso parece hacerlo a saltitos, por dentro tararea una canción...
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O TAMBIÉN, otra forma de comenzar, manera descriptiva:
Por la linde del bosque, evitando las cenagosas orillas del lago, transita lejano un grupo de seres peludos y encorvados. Su caminar es en general torpe y perezoso, pero a veces algo llama su atención, pues se detienen, y tan pronto hozan el suelo levantando polvo como dirigen su mirada hacia lo alto mientras gruñen sordamente, gruñidos que en ocasiones se convierten en chasqueados aullidos que recorren el aire y obligan a levantar el vuelo a grandes bandadas de pájaros negros. Los pájaros revolotean caprichosamente sobre las copas de los árboles antes de volver a sus refugios, y los personajes que observamos, excitados por la búsqueda del almuerzo, brincan y dan volatines sin ton ni son, aunque en seguida, sin cesar en el guirigay, retoman la andadura que ni ellos saben adónde les conduce.
(Procedente de OJOS AZULES, una novela histórica del altos vuelos que pasa revista a sucesos acaecidos en diversas épocas, desde la Edad de la Piedra a la actualidad.)
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En fin, espero que esta mínima acotación sirva a alguien para algo. Otro día pondré más ejemplos, y mientras tanto, siempre se puede echar una ojeada a ESTO.

Paseo por el campo

Hoy voy a poner una foto normal. 



Vamos, normal para aquellos que salen habitualmente al campo, eso que ya casi nadie sabe qué es, y llevan con ellos los perros para que se solacen, que los perros lo pasan muy bien en estos lugares. ¡Eso de tener un perro encerrado en una ciudad y sacarlo de paseo amarrado con una correa...! En esto demuestran lo buenos que son, pues llevando semejante vida, ni protestan.

Sin embargo, lo que de verdad les gusta a los perros (y a las personas, aunque muchísimas de ellas no se hayan dado cuenta y piensen que lo que a ellos les gusta es el sofá de su casa, el fútbol y la televisión) es subir un rato al monte, recorrer los caminos hollados por los animales salvajes (que siguen existiendo, están allí, corzos, gamos, ardillas, jabalíes y tantos otros..., aunque los del sofá y la tele no se lo crean), corretear de un lado a otro, olfatearlo todo, dejar que las ideas afluyan a la mente  y pensar, aquí estaba una jabalina con sus jabatos hace veinte minutos, pero cuando nos ha oído se ha internado en la espesura, o también, por aquí no ha mucho que pasó un zorro, y el perro ventea en las cuatrocientas direcciones de la rosa de los vientos, vuelve la cabeza repetidamente y se pregunta, ¿dónde andará?, no puede estar lejos, pero en seguida lo olvida porque nuevos rastros le distraen, el bosque es variado y mil y mil animales, nuestros semejantes, lo pueblan...

Luego, tras el paseo, se vuelve a casa, que hay que vigilar la hacienda, saludar a las vacas del establo, tumbarse en el rincón soleado de todos los días, aguardar a la hora de la pitanza..., y durante el camino de vuelta, durante la bajada, los perros, que son entre miopes y otras cosas más raras, y además sólo ven en blanco y negro y como con teleobjetivo, contemplan el paisaje que ante ellos se exhibe y piensan, ¡jolín!, ¡vaya aspecto que tiene hoy Peña Remoña...
 



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Y ya puestos a mirar, mire AQUÍ




miércoles, 21 de junio de 2017

Tercer libro gratis, OJOS AZULES.



Hoy y mañana, 21 y 22 de junio, para celebrar el verano, este libro gratis aquí:



Es una novela histórica por episodios de muchas épocas, desde los hombres de la Edad de la Piedra hasta la actualidad. El que quiera que lo descargue.

Además se puede mirar aquí.

lunes, 12 de junio de 2017

Y aquí llega lo mejor...

... pues sucede que durante este mes voy a poner TRES LIBROS GRATIS en Amazon.


El primero, DIOS CONMIGO, fantasía plenomedieval, ya ha estado (se acabó el plazo), pero desde hoy, día 12, hasta el 16, se puede descargar libremente el que se llama CRUCITA Y YO. Se trata de una narración en la que se cuenta la vida de dos chavalas (primero niñas, aunque luego chavalas), dos hermanas a las que les sucedió de todo. La primera (Nastasia) tuvo un padre que dejó mucho que desear, aunque ella se las ingenió para torearlo, y la segunda (Crucita) no llegó a conocerlo (le metieron en la cárcel por liarse a navajazos en una de sus reyertas nocturnas) y vivió a cuerpo de rey toda su vida (la niña). Eso sí, su madre, Remedios, una manchega ilustre a quien le decían la bella, fue una de esas joyas con las que naturaleza nos sorprende a veces.


El libro es largo, pero es que se cuentan muchas cosas, que no todo es tan sencillo como parece a primera vista. En cualquier caso, en esta dirección podéis descargarlo y leerlo gratis los días que se dicen arriba:



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Dentro de unos días estará GRATIS este otro, OJOS AZULES,






que es una novela histórica en la que se habla de los hombres de la Edad de la Piedra, de los cazadores de las llanuras, de los primeros agricultores, de los sumerios, los fenicios, los romanos, los bárbaros, los que vivieron en la Edad Media, los que conquistaron América y algunos otros.

¿Y qué es lo que tienen en común todas esas personas de épocas tan distantes? ¡Ah!, eso lo descubrirá el que lea el libro, pero por supuesto que tienen algo.

Cuando vaya a estar GRATIS lo anunciaré aquí.



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Y mientras tanto, siempre se puede echar una ojeada a ESTO.


miércoles, 7 de junio de 2017

Novela de la Edad Media GRATIS


Desde hoy 7 de junio (miércoles) al 11 (domingo) estará GRATIS para que lo descargue quien quiera la novela ambientada en la Edad Media española y llamada DIOS CONMIGO, que es una narración autobiográfica de un personaje de aquella época (finales del siglo XII y principios del XIII), que vivió la última fase de la Reconquista y, amén de contarnos su vida e ilustrarnos sobre lo cotidiano de tales tiempos, asistió a enormes batallas, como la de Alarcos y la de Las Navas de Tolosa.


 

El libro es largo, pero es que se cuentan muchas cosas, que no todo es tan sencillo como parece a primera vista... En cualquier caso, en esta dirección podéis leerlo gratis los días que se dicen arriba:








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Dentro de unos días estará GRATIS este otro libro, CRUCITA Y YO.






Esta es una narración de la vida de dos hermanas que se llevan veinte años, de las que no se sabe cuál es más guapa y espabilada..., y no digo más, que lo diré dentro de menos de una semana en esta misma página.

Se podrá descargar libremente del 12 al 16 del presente mes de junio en esta dirección:






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Y mientras tanto, siempre se puede echar una ojeada a ESTO.


jueves, 25 de mayo de 2017

OJOS AZULES, novela histórica



    En breve aparecerá en el mercado (en Amazon) una nueva novela histórica de Camargo Rain, servidor. Se llama Ojos azules, y no trata de una época, sino de muchas épocas. Por sus más de cuatrocientas páginas desfilan hombres de la edad de la piedra, nómadas, agricultores, sumerios, fenicios, romanos, cruzados..., y todos narrando sus particulares peripecias. Lo que les une es eso de los ojos azules, puesto que todos son descendientes (algunos muy lejanos) de los anteriores. ¿No han oído hablar ustedes de las leyes de Mendel?
    Pero hay más, que iré explicando por aquí. De momento, y para que los lectores juzguen, pongo un trozo (tres páginas) de uno de los capítulos. En él se habla de un bárbaro (un suevo), que vivió una inesperada aventura cuando en una cordillera intentaba encontrar un camino para que su tribu, que viajaba con carros y rebaños, pudiera atravesarla. Insisto en que son sólo tres páginas de esta aventura, que tiene unas treinta.


Este texto dice así:

EN EL SIGLO V
BÁRBAROS ATRAVESANDO UNA CORDILLERA
EL CAMINO HACIA PONIENTE

[...]
    Mucho antes de que despunte el alba el germano se levanta silencioso. Ella duerme rendida y envuelta en el cobertor, y él agradece a los manes del bosque que le hayan conducido por semejante camino. Deja con sigilo el refugio y los perros se arriman a sus piernas sin hacer ruido. Avanzan juntos por el bosque y él piensa, amigos míos, ha llegado la hora de que demostréis las habilidades heredadas. Es de noche, pero eso poco importa para vuestro olfato, sentido con el que sin duda descubriréis lo que me interesa, carne fresca, de la que tan necesitados están los habitantes de este lugar. Sí, compañeros de andanzas, vamos en busca del alimento, que vuestros colmillos o mi espada conseguirán, y luego, cumplidas las labores que aquí nos retuvieron, reanudaremos la persecución del sol poniente. Ahora, ¡adelante...!
    Los perros, de los que unos son perdigueros y otros mezclados, se aplican en su oficio y en seguida descubren entrecruzados rastros que concuerdan con las indicaciones de su amo, que intuyen como si hubieran tenido oportunidad de escucharlas.
    Allí es, dicen algunos; no, allí, dice otro, y todos coinciden en seguir el rastro invisible que ha sido trazado escasos momentos antes. Sus sonidos están muy lejos de formar una algarabía, pues sólo pueden escucharse leves bufidos, y aunque al principio se comportan inquisitivos, pronto comienzan las calladas carreras.
    Uno de los mayores corre de improviso hacia allá, lo que sólo se advierte por el oído, y otro se separa un momento del grupo y luego retorna. Después es un tercero el que sigilosamente se aleja hacia la oscura sombra que forma un grupo de árboles, y la rodea y tras ella desaparece. Los demás le siguen abriéndose en abanico. Una luna incierta ilumina de pronto los calveros del bosque, y bajo su cambiante luz vemos cómo comienza la galopada mientras el germano corre tras ellos...
    Luego todo sucede muy deprisa, y entre desesperados mugidos y el mayor de los estrépitos los perros se arrojan contra la invisible presa, a la que han acorralado junto a un grupo de piedras. Sin embargo, el caballero llega a tiempo e irrumpe en el escenario de la matanza dando terribles gritos, y a patadas detiene a los perros y les arranca de las fauces la huérfana presa que se aprestan a yugular. Un cervatillo yace desnucado y agonizante en el suelo, y otro es arrancado a viva fuerza de las mandíbulas de sus captores. La cierva, igualmente malherida, brama desesperada al cielo junto a las peñas que le han impedido escapar, pero enorme es su sorpresa cuando una imponente figura se interpone entre ella y los enfurecidos canes, y tras empujar al tembloroso cervatillo, a gritos ahuyenta a los rabiosos verdugos. La madre, que impotente se ha visto para defenderse de tan feroces animales, al ver el campo libre escapa como alma que lleva el diablo, y se aleja rauda, aunque cojeante, con el vástago que le queda.
    El cazador, entonces, vuelve junto a los perros, que pelean entre ellos y a regañadientes se mantienen apartados del coceante y moribundo animal, y tras obligarlos a alejarse con voces que sólo ellos reconocen, lo remata con el cuchillo y lo carga sobre los hombros.
    De tal manera emprende el regreso, exiguo regreso, pues la distancia no ha sido mucha, y al llegar ante la choza deposita en el suelo el animal que porta, que muerto y sangrante es su ofrenda.
    En silencio toma por el ronzal al caballo, y sobre su lomo arroja las alforjas y la liviana silla que le colocará más adelante, y tras observar por última vez la choza y los alrededores, lugar que seguramente nunca volverá a ver, inicia la caminata que le restituirá junto a su gente.
    Luego, cuando ha caminado unos pasos y alcanza el límite del claro, un ruido le sobresalta y le hace detenerse momentáneamente Es el llanto de Bubú, que se ha despertado porque comienza a clarear.
El germano, con una chispa brillante en los ojos azules, recuerda fugazmente aquellos días afortunados y que nunca imaginó poder vivir..., pero nada le puede detener, y tras un chasquido de la boca al que los perros obedecen remolonamente, prosigue el camino que le conducirá lejos.
    Más tarde, cuando ya ha amanecido y el caballero ha encontrado la senda que le llevó hasta allí y la recorre de vuelta, un grito agudo y lejano se cierne de improviso bajo el arco de los cielos. Es una voz humana en la que se escucha el dolor, un interminable lamento que se extiende de confín a confín. Él caballero detiene su camino y contempla lo que dejó atrás.
    –¡Ada, Ada...! –dice pensativo, y en el rostro de los perros lee la congoja, pues ellos comprenden lo que durante aquellos días sucedió..., pero como ya se dijo, no hay lugar para la nostalgia, y al mismo tiempo que se apagan los ecos de la espectral voz y el silencio del monte renace, tras un nuevo y expresivo sonido de los labios el grupo se pone una vez más en marcha.

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